Es el título de un polémico libro escrito en 2011 por Andrew Oitke, un profesor de antropología de Harvard, que dice que la obesidad mental –el exceso de información “basura”, que sustituye al conocimiento sostenible y duradero– es el principal problema de la sociedad moderna.
A pesar de que lleva tiempo rulando por Facebook y otras redes sociales, el libro no existe. Y el profesor, tampoco (al menos, hasta donde he podido averiguar). Pero eso no quiere decir que no sea interesante:
“Nuestra sociedad está más abarrotada de preconceptos que de proteínas; más intoxicada de lugares comunes que de hidratos de carbono; la gente está viciada de estereotipos, de juicios apresurados, de prejuicios, de pensamientos tacaños, de condenas precipitadas; todos opinan de todo, pero no saben de nada”, dice el supuesto libro del supuesto profesor.
Ignoro cuál es la fuente, pero imagino que la idea de colocar en un texto corto las palabras mágicas Harvard + antropología + profesor + “obesidad mental” ha obrado el milagro de lo viral. Su propia existencia es una prueba más de la necesidad de hacer dieta mental.
Leer los diarios es, desde hace tiempo, deprimente. Días de poco, vísperas de nada, nos repiten machaconamente, una y otra vez, sin dejar alternativas a ninguna otra posibilidad.
Pero siempre es posible mirar hacia otro lado. Sin ir más lejos yo ayer miré a la pantalla para ver Blackthorn (Sin destino). El genial Sam Shepard interpreta a un envejecido Butch Cassidy, el ladrón de bancos de “Dos hombres y un destino”. Cassidy pierde su fortuna cuando el caballo, cargado con las alforjas llenas de dólares, sale corriendo asustado. Y entonces dice algo así como “estoy en posesión de mi mismo. No hay ninguna riqueza superior a esta”.
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